El arte de contar historias cuando todos hacen ruido
“Las grandes marcas son las que consiguen conectar con las necesidades”. - Toni Segarra
Últimamente tengo la sensación de que las marcas pierden coherencia a la hora de comunicarse. Esa necesidad por subirse al carro de todas las tendencias y seguir el “meme” del momento por conseguir entrar en el algoritmo apenas unos segundos, denota desesperación. Y perdón si sueno muy directa, entiendo que es difícil adaptarse a este nuevo mundo un tanto efímero; como consumidora me pasa, es cierto. Si no te engancha en los primeros segundos: scroll. Si dura más de un minuto: scroll. Pero, ¿hasta qué punto es necesario adaptarse y perder tu identidad solo por aparecer en el algoritmo o permanecer en el recuerdo menos de un minuto?
Esa pérdida de coherencia, de identidad… la comprobé hace unas semanas con el Mundial. Muchas marcas se subieron al carro. ¿Por qué una marca de cosmética y belleza debería hablar de esto? Como consumidora me descolocó, pero como comunicadora me entristeció, porque parece que para llegar a alguien ahora hemos de hablar de todo…
Igual que cuando vendemos un servicio o un producto: ahora todo debe parecer una experiencia, el usuario debe ser el centro de la narrativa. ¡Y es genial! No me malinterpretes, pero quizás nos hemos centrado tanto en las experiencias propias, que hemos dejado de contar historias, de empatizar, de conectar de verdad… ¿Dónde está aquella publicidad que te emocionaba, que te hacía reír o llorar, o que incluso te hacía dudar? Queda poca intriga, poca emoción y poca conexión con el consumidor. Como dice Toni Segarra: “Las grandes marcas son las que consiguen conectar con las necesidades”. Las buenas marcas son las que consiguen contar algo, las que te generan necesidad y deseo, las que perduran en el recuerdo.
Enganchar al espectador no significa hacer ruido, sino despertar la curiosidad y la atención. Lo real, lo curioso, lo creativo, la experiencia, la intriga, lo natural, lo simple y lo humano: para mí eso es lo que verdaderamente engancha y lo que engloba la comunicación. Es difícil, pero se puede lograr. Porque lo fácil es crear contenido idéntico, acelerado y sin alma, pero lo que verdaderamente diferencia a una marca es la capacidad de comunicarse y provocar algo. Al final, el storytelling no ha dejado de funcionar porque la gente ya no quiera historias; quizás simplemente la gente ha dejado de escucharlas porque las marcas han olvidado cómo contarlas.
Por eso mi visión a la hora de comunicar siempre es: entender de qué voy a hablar, encontrar el sentido, saber quién soy y qué quiero transmitir, y conocer a quién le hablo para provocar una reacción real. Todo ello sin dar la espalda a la realidad del mercado: sé adaptarme a la inmediatez de hoy porque entiendo que una idea potente se puede comunicar igual de bien en quince segundos que en un minuto y sin perder identidad.
No me gusta el contenido vacío, sin significado o sin un porqué. Y quizás, ahora, esto es lo que me diferencia.
Anuncios que me recuerdan por qué amo la publicidad:
